Lo que está sucediendo en España referente al estudio o experimentación social con los ciudadanos ... como si de "conejillos de indias se tratase ... es algo que se va haciendo en todo el globo terraqueo pero que el mini dios ZP en estos últimos años ha acelerado la maquinaria de tales experimentos sociales, no se sabe si desde la masoneria francesa o desde instancias más altas de organizaciones internacionales como la ONU. Pero eso sí, las últimas imposiciones de leyes como la del aborto libre, el supuesto "matrimonio " de gay y demas estilos, la posible ley de eutanasia "libre" en proceso, etc ... en busca de una sociedad más "tolerante" nos lleva a la confusión para ... en mi caso ... no pasar por el aro pues ante tales atropellos de los derechos fundamentales de todos ... como el principal pilar básico de toda sociedad que es la defensa de la VIDA ... en vez de seguir hacia adelante nos estemos dirigiendo a pasos agigantados hacía el Paleolítico.
Si con el Marxismo se decía que ... la religión era el opio del pueblo ... hoy podemos decir que el verdadero opio del pueblo y de ello se encarga muy bien muchos países como el mio ... es la sexualidad; una sexualidad mal llevada a la practica tanto que desemboca por parte de tales Gobierno ... repito, como el español ... en una total "pederastía de estado" al meterse en los colegios públicos y violar las inocencias de menores con tales barbaridades para que descubran la sexualidad como quieren ellos y hacerlos esclavos de estas ideologías radicales desautorizando a los Padres en muchos campos.
Nos os quiero aburrir, pero de estas veces que se topa uno con artículos de prensa que coinciden en su totalidad con los planeamientos y pensamientos de uno mismo, encontré este del periodista José R. Barros que quiero compartir con todos vosotros/as; leerlo con detenimiento y quizas os abra los ojos en muchos aspectos:
Publicados en el año 2001, los ocho Objetivos del Milenio constituyen el marco de referencia a nivel mundial para la cooperación al desarrollo y marcan hasta 2015 unas metas tan loables como "erradicar la pobreza extrema y el hambre", "lograr la enseñanza primaria universal" o "promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer". Pero bajo estos bienintencionados conceptos se esconde una realidad mucho más inquietante.
Por ejemplo, el objetivo 5 plantea la "mejora de la salud materna". En la práctica, ésta mejora pasa por promover la información y el acceso a "métodos de contracepción seguros y eficaces", métodos entre los que, por supuesto, se incluye el aborto.
El resto de los objetivos apunta en idéntica dirección. Así, el aborto sin riesgo, la contracepción y la distribución de preservativos -y no el desarrollo socio-económico- serían los medios indicados para acabar con la pobreza extrema "objetivo 1", mientras que la reducción de la mortalidad infantil "objetivo 4" consiste en que las madres, a través de la peculiar salud reproductiva promocionada por la ONU, tengan menos hijos.
¿Cómo es posible que el corazón de Naciones Unidas se haya instalado esta concepción del desarrollo humano?. Para responder a esta pregunta es necesario viajar hasta las primeras décadas del pasado siglo, cuando una mentalidad darwiniana -cuando no abiertamente racista- marcaba la nota dominante en amplios sectores del mundo desarrollado, y de un modo especial en las relaciones que Occidente mantenía con los países del Tercer Mundo -por entonces bajo su férula colonial-.
Una representante cualificada de aquel clima de opinión fue MARGARET SANGER, la fundadora en 1922 de la National Birth Control Leage -el embrión de lo que con el tiempo acabaría siendo la IPPF, la International Planet Parenthood Federation, la internacional del aborto-.
Para Sanger, los problemas como la "degeneración", el crimen o el "pauperismo" tenían una clara raiz: la fertilidad de los incapaces, con lo cual, según ella, se promovía "la perpetuación de los defectuosos, los delincuentes y los dependientes. Éstos son los elementos más peligrosos de la comunidad mundial, la maldición más devastadora frente al progreso y la expresión humana".
No se puede acusar a Sanger de incoherente; aliviar a las mujeres de su sobrecarga de hijos, plantear la eugenesia como continuación de la selección natural y, de paso, acabar con la moral tradicional de la familia fueron tres constantes siempre presentes en sus distintos proyectos.
Sin embargo, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el descubrimiento de la magnitud de los crímenes nazis, el discurso eugenésico y proabortista se vio fuertemente cuestionado. Para subsistir, los defensores de estas políticas -sin renunciar a sus fines- cambiaron el lenguaje de cariz racista y colonialista por uno nuevo: ahora el énfasis pasaría a ponerse en la supuesta dimensión libertadora que tendrían estas medidas sobre la mujer.
Así pues, el embrión de esta ideología de género ya existía antes de los años 60, pero hubo dos factores que permitieron su espectacular eclosión a partir de esa década. por un lado, las revueltas juveniles de 1968, que asumieron con entusiasmo todo lo que sonase a libertad sexual. Por otro, las teorías sobre el control de la población -que, como hemos visto, nunca abandonaron las mentes de ciertas élites occidentales- comenzaron a aflorar de nuevo en diversos frentes.
El primero fue la publicación en 1968 de "La Bomba demográfica" de Paul R. Ehrilch, que volvió a poner de actualidad entre el gran público el maltusianismo más feroz. A lo largo de las 200 páginas de su libro, este entomólogo -experto en mariposas- de Standford se sumergió en las predicciones más delirantes. Valga el siguiente ejemplo extraído del prólogo: "En la década de los 70 y 80, centenares de millones de personas se morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que se emprenda ahora".
El segundo frente fue "Los Límites del Crecimiento", publicado por el influyente Club de Roma en 1972, el informe ahondó en la alarmista perspectiva ya abierta por Ehrilch. La tesis central de dicho dossier sostiene que "si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la tierra durante los próximos cien años".
Pese a que sus teorías jamás se han confirmado, Ehrilch sigue contando con predicamento en los ámbitos progresistas; hace dos años recibió un premio de la Generalidad de Cataluña por sus "investigaciones" sobre el estudio de la superpoblación humana.
Un inciso: para entender el éxito de estas profecías es necesario tener en cuenta la crisis petrolifera de 1973 causada por los países árabes. Más que nunca, las predicciones que el politólogo estadounidense -y posterior consejero de seguridad del presidente Jimmy Carter- Zbigniew Brzezinski ya había formulado en 1970 sobre el peligro de una alianza del Tercer Mundo contra el Primero parecieron tener visos de hacerse realidad.
Y para conjurar este hipotético peligro, y siguiendo las explícitas directrices de Brzezinski, se abrió el tercer frente con el nacimiento en 1973 de la Comisión Trilateral: una organización centrada en el fomento de la cooperación entre EEUU, Japón y Europa para frenar la amenaza económica -pero también demográfica- que suponía un Tercer Mundo organizado.
Como es lógico, con el rebrote de esta mentalidad entre las élites, la implantación de medidas de control de natalidad en los países pobres pasó a convertirse en una prioridad. Y el cuarto paso en esta dirección lo dio en 1974 Richard Nixon al firmar con el grado de "orden ejecutiva" el Memorándum NSSM 200.
Dicho documento -redactado por Henry Kissinger, su secretario de Estado- apunta que el aumento de la población en los países del Tercer Mundo es "un asunto de máxima importancia", pues pone en peligro el suministro de materias primas que EEUU necesita para su crecimiento económico y su seguridad política. Dicho documento fue clasificado en junio de 1989 y todavía motiva algunas directrices de la política exterior norteamericana.
En síntesis: la ayuda a los países del Tercer Mundo se otorgará a cambio de que dichas naciones estén dispuestas a aplicar medidas de control de población sobre sus pueblos.
Éste es el entramado de ideología e intereses económico-políticos que a lo largo de varias décadas se fue horneando en diversos organismos internacionales -incluida, por supuesto la ONU y que, a su vez, crearon la atmósfera moral de las importantísimas reuniones celebradas por Naciones Unidas tras la caída del Muro de Berlín.
¿Cuál fue su génesis? A las puertas de un nuevo milenio, Naciones Unidas pretendió "construir un consenso" internacional que estableciese las prioridades para el desarrollo del siglo XXI. La más importante de dichas conferencias fueron las del Cairo sobre población (1994) y Pekín sobre la mujer (1995), ámbas profundamente impregnadas de ideología de género. No es de extrañar que Juan Pablo II mostrara repetidas veces y en público su más enérgica oposición a estos dos foros. Este proceso derivó hacia la Cumbre del Milenio celebrada en Nueva York en 2000, cuyo resultante fue la Declaración del milenio -en perfecta continuidad ideológica con todas las conferencias anteriores-. En dicha declaración el secretariado general de la ONU tuvo un importantísimo papel a la hora de su redacción, un papel que, de facto, fue muy superior al de los 147 países firmantes.
En Agosto de 2001, la ONU hizo públicos los Objetivos del Milenio. Tal y como señala la periodista Barbara Crossette, no fueron el resultado de un debate abierto, sino de "un grupo de trabajo compuesto por varios órganos de la ONU, incluidos el Banco Mundial, el Foro Monetario Internacional, UNICEF, la Organización Mundial para la Salud y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo".
Los objetivos del Milenio sintetizan la premisa que ha estado presente en estos foros durante los últimos 90 años; la pobreza y el hambre tienen una causa fundamental; LA SUPERPOBLACIÓN. Y al tratarse de una ideología, la conclusión no puede estar en desacuerdo con su premisa: "La mejor forma de acabar con la pobreza", pensará por lo bajo algún cínico oligarca de la ONU, ... "es ir acabando con los pobres".